Entender la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales permite saber qué agua utilizamos, de dónde procede y qué distingue a un auténtico balneario
Cuando pensamos en un balneario, es fácil imaginar piscinas de agua caliente, vapor y una agradable sensación de relajación. Sin embargo, existe una diferencia entre aguas termales y mineromedicinales que conviene conocer, especialmente cuando queremos elegir una auténtica experiencia de termalismo.
Aunque ambos conceptos pueden coincidir en una misma agua, no significan exactamente lo mismo: uno hace referencia fundamentalmente a su temperatura y origen, mientras que el otro está relacionado con su composición, características y reconocimiento para determinados usos.
Entender esta distinción permite comprender también por qué un balneario tradicional no es simplemente un spa con agua caliente y qué hace especiales a lugares con una larga tradición termal como el Balneario de la Virgen, en Jaraba (Zaragoza).
¿Qué son exactamente las aguas termales?
Empecemos por el concepto más conocido. De manera general, hablamos de aguas termales cuando proceden del subsuelo y emergen a una temperatura superior a la habitual en su entorno.
La regulación concreta puede establecer criterios técnicos para determinar cuándo un agua tiene consideración de termal. Por ejemplo, hay legislaciones autonómicas en España que consideran termales aquellas aguas cuya temperatura de surgencia supera en más de cuatro grados centígrados la temperatura media anual del lugar donde emergen.
Paralelamente, la Ley 22/1973 de Minas (art. 23) y el IGME (CSIC) la definen por un único criterio físico. Su temperatura de surgencia debe superar en al menos 4 °C la media anual del lugar donde brota. No se exige ninguna composición química ni ningún efecto sobre la salud.
¿Por qué llegan calientes a la superficie? El agua puede infiltrarse en el terreno, circular a diferentes profundidades y calentarse debido al gradiente geotérmico antes de regresar hacia la superficie. Durante ese recorrido también puede entrar en contacto con diferentes materiales geológicos.
Por tanto, al hablar de la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales, la temperatura constituye uno de los elementos fundamentales para comprender el primer concepto.
Pero aquí aparece la cuestión importante: que un agua sea termal no significa automáticamente que sea mineromedicinal.
¿Qué son las aguas mineromedicinales?
Las aguas mineromedicinales como las del Balneario de la Virgen entran en un terreno diferente. No se definen simplemente porque estén calientes.
Son aguas naturales que, debido a sus características y composición, han sido reconocidas administrativamente para su utilización con fines terapéuticos dentro del marco establecido por la legislación correspondiente.
Precisamente por eso, hablar de agua mineromedicinal implica mucho más que utilizar «agua caliente» como elemento de bienestar.
Su composición depende de factores como el origen del agua, las formaciones geológicas que atraviesa y los minerales con los que entra en contacto durante su recorrido subterráneo.
Y esta es otra clave para comprender la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales: una clasificación atiende al carácter termal del recurso, mientras que la condición mineromedicinal está vinculada a unas características específicas y a su reconocimiento para el uso correspondiente.
De hecho, una misma agua puede reunir ambas condiciones. La propia normativa contempla expresamente aguas que disponen de la doble declaración de termales y mineromedicinales.
Entonces, ¿un agua puede ser termal y mineromedicinal a la vez?
Sí. Y esta es probablemente la forma más sencilla de resolver una confusión bastante habitual. Termal y mineromedicinal no son categorías necesariamente excluyentes.
Un agua puede ser termal por sus características de temperatura y, además, estar reconocida como mineromedicinal.
También pueden existir aguas termales destinadas a usos de ocio y bienestar que no tengan la misma consideración ni finalidad que las aguas empleadas en los tratamientos propios de un establecimiento balneario.
La normativa diferencia, de hecho, entre espacios destinados al aprovechamiento lúdico de las aguas termales y establecimientos balnearios caracterizados por la utilización de aguas mineromedicinales y termales con fines terapéuticos.
Por eso la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales no es únicamente una cuestión de vocabulario. Ayuda a entender qué tipo de agua estamos utilizando y, sobre todo, qué clase de establecimiento hemos elegido.
Aguas termales, balneario y spa: tampoco significan lo mismo
Esta distinción conduce a otra pregunta frecuente: ¿Es lo mismo acudir a un spa que a un balneario? No.
Un spa puede ofrecer piscinas climatizadas, chorros, saunas, baños de vapor, masajes y numerosos tratamientos orientados a la relajación y el bienestar. Puede ser una experiencia extraordinariamente agradable, pero el agua utilizada no tiene por qué proceder de un manantial mineromedicinal.
En un balneario, en cambio, el agua natural constituye la esencia del establecimiento.
Esta cuestión es importante porque durante los últimos años se han popularizado expresiones como spa termal, wellness, circuito de aguas o piscina termal, y el consumidor puede percibirlas como equivalentes cuando técnicamente no siempre lo son.
«Para nosotros, el agua no es un complemento añadido a la experiencia. Es el origen de todo lo que significa el Balneario de la Virgen», explica nuestro equipo de Balneoterapia.
Comprender la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales ayuda así a distinguir entre experiencias que, aunque pueden compartir elementos relacionados con el agua y la relajación, parten de conceptos diferentes.
El agua mineromedicinal, protagonista en el Balneario de la Virgen
En Jaraba, el agua forma parte del paisaje, de la historia y de la identidad del Balneario de la Virgen. El establecimiento cuenta cn casi dos siglos de tradición termal y sus aguas mineromedicinales brotan a temperaturas de entre 30 y 34 ºC.
Nuestras aguas llegan a sus instalaciones sin tratamientos químicos y son el corazón tanto del área termal como de uno de nuerstros espacios más singulares: el lago termal natural.
Aquí la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales deja de ser únicamente una explicación teórica. Se convierte en experiencia y en servicios de balneoterapia que conectan tradición y ciencia.

El agua emerge de manera natural en un entorno extraordinario, rodeado por las paredes rocosas y la vegetación del cañón del río Mesa. Ese recurso natural se integra después en diferentes propuestas de balneoterapia y bienestar.
«Quien viene por primera vez suele fijarse en la temperatura agradable del agua. Pero detrás existe una tradición termal, unas características propias del agua y una relación con este territorio que forman parte de nuestra identidad», señalan desde el equipo del Balneario de la Virgen.
¿Por qué importa conocer la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales?
Porque nos permite elegir con más información. Si simplemente buscamos relajarnos durante unas horas, existen numerosas instalaciones acuáticas y wellness capaces de ofrecernos una experiencia excelente.
Pero si lo que queremos es vivir el termalismo en un establecimiento donde el agua mineromedicinal constituye la base de la experiencia, merece la pena comprobar qué tipo de agua utiliza y de dónde procede.
Antes de reservar podemos plantearnos preguntas muy sencillas: ¿El agua procede de un manantial natural?, ¿es mineromedicinal?, ¿a qué temperatura emerge?, ¿estamos ante un balneario o ante un spa?, ¿qué tratamientos se realizan utilizando ese recurso?
Conocer la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales permite entender mejor las respuestas y evita escoger únicamente por una fotografía atractiva de una piscina.
Mucho más que agua caliente
Quizá esta sea la idea más importante. El termalismo no consiste simplemente en elevar la temperatura del agua. Detrás de un auténtico balneario existe un recurso natural estrechamente relacionado con la geología y la historia del territorio.
En el Balneario de la Virgen esa relación resulta especialmente visible. Agua, roca, naturaleza y casi dos siglos de tradición se encuentran en un mismo lugar. El lago termal natural permite experimentarlo de una manera especialmente directa: sumergirse en sus aguas mientras el paisaje de Jaraba continúa formando parte de la experiencia.
Por eso entender la diferencia entre aguas termales y mineromedicinales cambia también nuestra forma de mirar un balneario.
Una piscina puede llenarse. Un manantial nace.
Y cuando el agua que brota de la tierra se convierte en el corazón de toda una experiencia de descanso y bienestar, empezamos a entender por qué el auténtico termalismo tiene algo difícil de reproducir en cualquier otro lugar.